23 de abril del 2010
Por: Félix Ortiz
Parroquia: El Buen Pastor
Capilla: Santa Teresita
Mayagüez, P.R.
Que a los discípulos les resulto difícil aceptar el hecho de la resurrección es buena prueba el relato de hoy. “No solo a Tomas le podemos designar como el incrédulo”. El no es más que el representante de la resistencia de todos a ver con claridad, a aceptar sin reservas esa forma de vida de Jesús resucitado, glorioso. No le ha convencido nada y así, al parecer, lleva toda la semana entera. El quiere por encima de todo, ver y tocar.
Apareció Jesús y hablo a Tomas con ternura, con delicadeza y el incrédulo rindió ante Jesús con una confesión que todavía se oye en labios de muchos creyentes. “Señor mío y Dios mío”. Es cierto que ha desaparecido el orgullo de Tomas. Se ha rendido. Comprende que creer es algo más que tocar y ver. Y se lo dice a Jesús. “Dichosos los que creen sin haber visto".
“Señor mío , Dios mío, mi bien, mi todo, en quien me apoye para que sea firme mi Fe”.